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-¿Te sientes feliz?
- Si, me siento muy feliz.
-¿Por qué?
- Porque te encontré, porque eres mía y yo soy tuyo.
-¿Me buscabas hace mucho?
- Si, toda la vida pero valió la pena.
-¿Y cómo sabes que soy yo la verdadera?
- No lo se, esto no se puede saber esto solamente se puede sentir con el corazón.
-¿Y si tu corazón te engaña?
- El corazón no puede engañar, engañan sólo las pasiones.
- ¿Entonces me quieres?
- No. Te amo, te amo más que todo.
- ¿Y cuánto puede durar este amor?
- Toda la vida.
-¿Pero cómo puedes estar tan seguro?
- Por algo soy Divino y tu eres mi Lolita, ¿no?
Me despertó el zumbido de las moscas y el espantoso olor de carne podrida mezclada con mierda fermentada que entraba a golpes fuertes a través de la ventanilla bajada del coche. Hacía un calor tan tremendo que parecía que me iba a ahogar en mi propio sudor. Estaba muy tenso casi paralizado y mi cuerpo temblaba fuertemente. Apretaba entre mis manos desesperadamente la culata de la escopeta recortada, apoyada sobre mis piernas. Levanté con dificultad la cabeza que pesaba un montón para comprobar qué estaba pasando fuera y me quedé estupefacto. El coche estaba rodeado por una manada de coprófagos hambrientos. A varios metros frente a mí, una hembra esquelética, con evidentes signos de sarna sobre su piel, me estaba observando con la mirada vacía de un sentenciado a la pena máxima, que está esperando su turno en el corredor de la muerte, mientras sujetaba en brazos su cría de pocos meses que parecía un viejo osito de peluche rescatado de un cubo de basura cualquiera en un barrio marginal. Detrás de ella, un macho flaco con cara de pillo y rasgos balcánicos intentaba burlar el hambre chupándole la cola en un desesperado intento de sacar provecho a los restos de mierda que quedaban sobre ella. Más allá, unos jóvenes más animados, estaban jugando lanzándose uno al otro una bombona de butano oxidada, imaginando posiblemente que es una pelota, mientras junto a ellos un viejo moribundo tumbado sobre un colchón sin duda lleno de pulgas estaba intentando proporcionar las últimas dosis de oxígeno contaminado a su organismo desgastado esperando silenciosamente el final, apoyándose únicamente sobre el último aire de dignidad que le quedaba. Una imagen triste y desoladora al fondo de la cual a unos cien metros estaba situada la estación, limpia y bonita, detrás de la cual se observaba la cabecera blanca de un Talgo, con motores ya en marcha, listo para partir hacia el otro lado.
Pero esta bella estación tan cercana y tan deseada estaba rodeada por una alambrada de unos tres metros de altura, la que los coprófagos estaban encargados de vigilar. Este es el camino que me queda por recorrer para conseguir el amor y la libertad. Solamente unos cien metros, posiblemente los más largos y difíciles en mi vida, en los cuales me jugaré la vida seguro, pero no tengo duda ninguna que merecerá la pena. Es que, en esta puta vida nada es fácil, y todavía menos cuando la meta es tan grande, porque para mí el amor lo es todo, y si tengo que morir y convertirme en polvo, tampoco perderé el amor, porque seré un polvo enamorado. Tengo en mis manos la escopeta cargada con dos cartuchos, los últimos que me quedan y la ventaja que las bestias no lo saben. Si me atacan dispararé una o dos y las demás se retiraran, porque a pesar de su miserable existencia sé muy bien que valoran demasiado la vida. Dentro de unos instantes abriré la puerta y me lanzaré con todas mis fuerzas hacia mi sueño intentando adelantar el miedo que correrá detrás de mí. Siento como se despeja mi mente, como me sube la adrenalina, se acelera mi corazón y el cuerpo se estremece... Ya no existe nada ni nadie, solo queda la dulce imagen eterna de mi Amor. Es la hora, abro la puerta, pongo firmemente los pies sobre el suelo, me siento más ligero que una pluma, la que el aire está esperando para llevarla hacia las nubes... Y entonces mis pulmones se llenan, mi boca se abre y empiezo a cantar mi canción:
"Con dolorido cuidado,
desgrado, pena y dolor,
parto yo, triste amador,
de amores desamparado,
de amores, que no de Amor.
Y el corazón, enemigo
de lo que mi vida quiere,
ni halla vida, ni muere,
ni queda, ni va conmigo.
Sin ventura, desdichado,
sin consuelo, sin favor,
parto yo, triste amador,
de amores desamparado,
de amores, que no de Amor."