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Eres para mí un lucero,
y Amor y alegría y consuelo,
un lucero radiante cautivo
en la oscuridad de un lejano cielo,
un lucero que me alegra la vida
y el corazón y el alma,
un lucero que brilla dentro de mí.
Te amo cuando te beso en mis sueños,
te amo aunque estés lejos de mí,
te amo más que a mi propia vida,
porque tú la vida eres para mí.
Apareció frente a mí como una ninfa, en todo su esplendor. Vestida en seda muy fina de color hueso, casi transparente, debajo de la cual se observaban las preciosas formas de su cuerpo. Venía hacia mí pisando descalza la hierba fresca bañada por las gotitas cristalinas del rocío que reflejaban la luz discreta de la luna. Su pelo oscuro que caía por los dos lados de la cara angelical estaba recogido dentro del aro de una tiara aromática trenzada con bonitas rosas blancas. Los ojos brillantes como aceitunas me miraban con ternura y cariño y los labios ligeramente separados por una inocente sonrisa y llenos de sensualidad me invitaban a besarlos. Dio los últimos pasos y se entregó en mis brazos. Sentí el calor de su cuerpecito tenso y el olor paradisíaco de natillas con vainilla que desprendía su piel de terciopelo. La estreché entre mis brazos sintiendo la suavidad de sus senos sobre mi pecho y los fuertes latidos de su corazón. La bese con avidez en la boca mientras acariciaba su pelo besando luego el cuello y los pezones de sus pechos que a consecuencia de mis besos se ponían cada vez más duros. Bajé con mis labios hacia el ombligo besando las tres rajitas chiquititas y rastreando con las manos hasta el último rincón de su cuerpo llegando a encontrar en un momento la cosita que estaba buscando inconscientemente. Estaba alojada entre sus piernas, un orificio hermoso, tierno y húmedo, ligeramente abierto e impregnado de deseo. Me atraía tanto que me acerqué y lo acaricié con mi lengua percibiendo el dulce e intenso sabor de mujer. Eso provocó dentro de mí tanto deseo que no pude parar y seguí besando más y más y masajeando con la punta de la lengua la “florecilla” del placer. Sentí como bajo mis besos y caricias su cuerpo se estremecía y llegó el momento en que ya no pudo más, entonces ella retiró cariñosamente mi cabeza y me pidió que se lo arrimara. Me puse sobre ella y la penetré con mucho amor. Y una vez ya dentro empecé a moverme haciéndola gemir de placer, lo que provocó dentro de mí un gran orgullo, porque cuando más a fondo llega el “timón” más fácil resulta gobernar la “goleta” y esto hizo que me sintiera como un experto alférez de fragata estando de turno. Ella casi estaba en las nubes y me pedía que no parara y que siguiera más y más deprisa con esos movimientos tan dulces y cálidos hasta el punto cuando los dos a la vez llegamos al orgasmo, ese placer divino y maravilloso, como una inmensa explosión cósmica de la que nace una nueva estrella y yo agotado me caigo rendido sobre su cuerpo y ella me besa y me susurra al oído cuanto me ama y eso me convierte en el hombre más feliz en todo el universo ¡Ay que bonito...! ¡Ay que bonito es hacer el amor con mi Amor y sentir que esa es mi dulce y preciosa Lolita!
A veces en tu sueño
yo vendré.
Por favor, deja la
puerta abierta.
Silenciosamente
entraré,
y junto a ti
me sentaré.
En la oscuridad
la vista yo esforzaré,
empapándome
de tu imagen.
Un buen rato
así me quedaré,
luego, te besaré
y me iré.
In memoriam

Estaba cabalgando por el bosque en busca de la villa donde se encontraba Pampinea.
Tenía que llegar lo más pronto posible para poder adelantar a Gerbino y a sus ratas, que me perseguían para matarme. Lo único que me interesaba en este momento era encontrarla a ella, mi dulce y preciosa Pampinea, la mujer más hermosa que había visto jamás. Sentía su beso sobre mis labios, aquel beso, dulce y suave, jugoso y lleno de amor y entrega, el beso que nunca voy a olvidar como tampoco olvidaré su voz y sus palabras hermosas: "Cada día que te veo mas te deseo, cada noche cuando duermo mas te anhelo... cada día... cada noche...!" Y la suavidad y el calor de su mano puesta en la mía mientras el santo padre decía: ¿Lorenzo de Alberti quieres por esposa a Pampinea Anastagi para amarla y respetarla hasta que la muerte os separe?
Si padre quie....., intento responder pero en este momento siento como la punta de una espada intenta atravesar mi cuerpo apretando en mi espalda y la voz asquerosa de Gerbino diciendo:
Te voy a matar Lorenzo...te voy a matar...y Pampinea será solamente mía... mía... mía....
En este momento de repente todo cambia, me encuentro en una cama con dolor de espalda, mirando en la oscuridad para adivinar donde estoy, pasan unos instantes, poco a poco me relajo y todo se coloca en su sitio. Me doy cuenta que todo esto ha sido solo un sueño, que yo no soy Lorenzo de Lamberti, que aquella no era mi Pampinea, que la mía es otra, que la encontré hace tiempo, que por supuesto es mucho mas hermosa*, la podéis ver aquí todos para comprobarlo (pero sin tocar he..!;-), que ella es no solamente la mujer más hermosa que he visto jamás pero también la más buena y la más entregada, es una maravilla y me siento inmensamente afortunado por tener este valioso Tesoro.
¿Por qué os cuento esto? Pues muy simple, para deciros que en cada uno de vosotros puede que viva un “Lorenzo” que desea encontrar a su “Pampinea” pero todavía no lo ha conseguido, si el caso es así no os debéis poner tristes ni caer en la deseperación porque con un poco** de suerte cada uno lo puede conseguir tarde o temprano. Si ha podido lograrlo incluso un conde ruso de Novgorod y vosotros por que no... (aunque no sepáis donde esta Novgorod) ;)
Hay varias cosas que son muy importantes para poder lograrlo, primero y lo más importante es tener un corazón de “Lorenzo”, lo segundo es tener Fe y buscarla sin parar hasta encontrarla, y lo tercero (no de menos importancia que lo primero), una vez que la hayas encontrado debes amarla, cuidarla bien y protegerla para impedir que caiga en las manos de algún “Gerbino” que si pasa esto vais a perder los dos: y tú y ella, porque un “Lorenzo” y una “Pampinea” son únicos*** y los “Gerbino de la Ratta” son millones, hay alguno detrás de cada esquina preparando una “emboscada” para atrapar alguna “Pampinea”, de hecho son tantos que están por todos lados en cualquier parte, incluso pueden salir por la alcachofa de la ducha pasándose por agua para ensuciar el cuerpo de “Pampinea” (en el mejor de los casos) y en el peor para contagiarla con la “peste negra” que será una verdadera desgracia. Así que mucho cuidado con los “Gerbino de la Ratta” que son... pues eso... ratas!;-)
Feliz Año 2009
Y mucha suerte a todos los que son “Lorenzo” y “Pampinea”
* cada Pampinea en particular es más hermosa.
** a veces puede que sea mucha.
*** hechos uno para el otro.