13 ene 2009

“Cuando el amor llama fuerte” o “Recuerdos de Lolita”















Eres para mí un lucero,
y Amor y alegría y consuelo,
un lucero radiante cautivo
en la oscuridad de un lejano cielo,
un lucero que me alegra la vida
y el corazón y el alma,
un lucero que brilla dentro de mí.
Te amo cuando te beso en mis sueños,
te amo aunque estés lejos de mí,
te amo más que a mi propia vida,
porque tú la vida eres para mí.

Apareció frente a mí como una ninfa, en todo su esplendor. Vestida en seda muy fina de color hueso, casi transparente, debajo de la cual se observaban las preciosas formas de su cuerpo. Venía hacia mí pisando descalza la hierba fresca bañada por las gotitas cristalinas del rocío que reflejaban la luz discreta de la luna. Su pelo oscuro que caía por los dos lados de la cara angelical estaba recogido dentro del aro de una tiara aromática trenzada con bonitas rosas blancas. Los ojos brillantes como aceitunas me miraban con ternura y cariño y los labios ligeramente separados por una inocente sonrisa y llenos de sensualidad me invitaban a besarlos. Dio los últimos pasos y se entregó en mis brazos. Sentí el calor de su cuerpecito tenso y el olor paradisíaco de natillas con vainilla que desprendía su piel de terciopelo. La estreché entre mis brazos sintiendo la suavidad de sus senos sobre mi pecho y los fuertes latidos de su corazón. La bese con avidez en la boca mientras acariciaba su pelo besando luego el cuello y los pezones de sus pechos que a consecuencia de mis besos se ponían cada vez más duros. Bajé con mis labios hacia el ombligo besando las tres rajitas chiquititas y rastreando con las manos hasta el último rincón de su cuerpo llegando a encontrar en un momento la cosita que estaba buscando inconscientemente. Estaba alojada entre sus piernas, un orificio hermoso, tierno y húmedo, ligeramente abierto e impregnado de deseo. Me atraía tanto que me acerqué y lo acaricié con mi lengua percibiendo el dulce e intenso sabor de mujer. Eso provocó dentro de mí tanto deseo que no pude parar y seguí besando más y más y masajeando con la punta de la lengua la “florecilla” del placer. Sentí como bajo mis besos y caricias su cuerpo se estremecía y llegó el momento en que ya no pudo más, entonces ella retiró cariñosamente mi cabeza y me pidió que se lo arrimara. Me puse sobre ella y la penetré con mucho amor. Y una vez ya dentro empecé a moverme haciéndola gemir de placer, lo que provocó dentro de mí un gran orgullo, porque cuando más a fondo llega el “timón” más fácil resulta gobernar la “goleta” y esto hizo que me sintiera como un experto alférez de fragata estando de turno. Ella casi estaba en las nubes y me pedía que no parara y que siguiera más y más deprisa con esos movimientos tan dulces y cálidos hasta el punto cuando los dos a la vez llegamos al orgasmo, ese placer divino y maravilloso, como una inmensa explosión cósmica de la que nace una nueva estrella y yo agotado me caigo rendido sobre su cuerpo y ella me besa y me susurra al oído cuanto me ama y eso me convierte en el hombre más feliz en todo el universo ¡Ay que bonito...! ¡Ay que bonito es hacer el amor con mi Amor y sentir que esa es mi dulce y preciosa Lolita!

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